Es de noche, estás en el sofá y solo ibas a mirar el móvil cinco minutos. Media hora después has visto lo que come alguien en un día, un reto para «compensar» el fin de semana y varias transformaciones con música de fondo. Cierras la aplicación y algo ha cambiado: estás más pendiente de tu cuerpo y ya estás pensando en qué deberías quitar mañana. En consulta lo escucho muy a menudo: «no sé por qué lo miro si me hace sentir fatal».
Por qué te afecta tanto, aunque sepas que no es real
Puedes saber perfectamente que hay filtros, luces estudiadas y fotos elegidas entre muchas. Y aun así te afecta. No es falta de criterio. Hay varias razones que lo explican.
La primera es que compararnos es casi automático. El cerebro lo hace sin pedir permiso, sobre todo cuando ya estamos inseguras o cansadas. La segunda es que el algoritmo aprende de lo que miras. Si te detienes unos segundos en un vídeo sobre comida o sobre el cuerpo, la aplicación entiende que te interesa y te muestra más. Sin darte cuenta, tu pantalla se va llenando de un único tema.
La tercera es que muchos de estos mensajes llegan disfrazados de salud, de disciplina o de autocuidado, y por eso cuesta reconocerlos. Los estudios sobre redes y conducta alimentaria apuntan en esa dirección: más que el tiempo total que pasas conectada, parece pesar el tipo de contenido que consumes y cómo lo recibes. La Oficina Regional para Europa de la OMS también alertó en 2024 de que el uso problemático de las redes entre adolescentes había aumentado en los últimos años, especialmente entre las chicas.
Lo que miras cada día también va construyendo cómo te miras.
Contenidos que merece la pena mirar con lupa
No todo lo que hay en redes es dañino. Pero hay formatos que, para muchas personas, y más aún si la relación con la comida ya es frágil, alimentan la comparación y las normas rígidas:
- «Lo que como en un día». Parecen inofensivos, pero invitan a comparar lo que comes con lo que come alguien cuya vida, cuerpo y necesidades no conoces.
- Reglas disfrazadas de bienestar. Alimentos «prohibidos», «limpios» o «tóxicos», retos o ayunos presentados como autocuidado. A menudo son dietas con otro nombre.
- El lenguaje de compensar. Mensajes que hablan de «ganarse» la comida o de «quemar» lo que has comido, como si comer fuera algo que hay que pagar.
- Las transformaciones. Contenidos que presentan el cambio del cuerpo como prueba de valor, de éxito o de fuerza de voluntad.
- Los comentarios sobre cuerpos ajenos. También en las secciones de comentarios, donde se opina con total libertad sobre cuerpos que no son los propios.
Incluso cuentas bienintencionadas, también algunas que hablan de recuperación, pueden incluir comparaciones o detalles que a ti, en este momento, no te sientan bien. No se trata de juzgar a quien publica, sino de fijarte en lo que te provoca a ti.
Señales de que tu feed te está pesando
Puede que te reconozcas en alguna de estas situaciones:
- Te sientes peor contigo después de un rato en redes, aunque no sepas decir exactamente por qué.
- Cambias lo que comes o lo que piensas comer según lo que acabas de ver.
- Te comparas casi sin darte cuenta, y esa comparación te acompaña el resto del día.
- Te cuesta dejar de mirar contenidos que sabes que te hacen daño.
- Usas las redes para «motivarte» a controlar la comida o a cambiar tu cuerpo.
Ninguna de estas señales es un diagnóstico. Pero si se repiten, merece la pena escucharlas.
Cómo empezar a cuidar lo que ves
La idea no es abandonar las redes ni vigilarte todavía más. Es elegir con un poco más de intención qué dejas entrar:
- Observar antes de cambiar. Durante unos días, fíjate en cómo te sientes al cerrar la aplicación. Esa información vale más que cualquier norma general.
- Usar las herramientas de la aplicación. La mayoría permiten silenciar cuentas, dejar de seguir, marcar «no me interesa» u ocultar ciertas palabras. El algoritmo también aprende de eso.
- Silenciar sin culpa. Dejar de ver a alguien no es un juicio sobre esa persona. Es una forma de cuidarte, igual que eliges con quién pasas tu tiempo.
- Hacer sitio a otras cosas. Sigue cuentas de lo que te gusta más allá del cuerpo y la comida: libros, música, naturaleza, humor, tus aficiones. Tu pantalla también puede recordarte que eres mucho más que un cuerpo.
- Cuidar los momentos vulnerables. Por la noche, después de comer o cuando estás triste o agotada es más fácil que un contenido te afecte. En esos ratos, quizá te venga mejor otra forma de descansar.
- Preguntarte quién habla. ¿Tiene formación sobre lo que cuenta? ¿Vende algo? ¿Presenta su experiencia como si sirviera para todas?
Y cuando aparezca la comparación, intenta tratarte con la misma comprensión que tendrías con una amiga. En otro artículo hablo de cómo aprender a hablarte con amabilidad.
Si acompañas a una adolescente
Las redes forman parte de su vida y prohibirlas sin más rara vez funciona. Suele ayudar más mostrar curiosidad que control: preguntarle qué cuentas sigue, qué le gusta ver y cómo se siente después. Mirar algún contenido juntas y comentarlo sin juzgar puede abrir conversaciones que de otra manera no llegarían.
Evita comentar su cuerpo o lo que come, aunque sea en positivo, y cuida también cómo hablas tú de tu propio cuerpo delante de ella. Si te preocupa cómo acompañarla, en este artículo explico por qué un TCA no es cuestión de fuerza de voluntad y qué sí puede ayudar.
Cuándo pedir ayuda
Revisar lo que ves es un buen paso, pero no siempre es suficiente. Puede ser el momento de buscar acompañamiento profesional si la comida, el peso o el cuerpo ocupan gran parte de tus pensamientos, si tienes normas muy rígidas sobre lo que comes, si sientes la necesidad de compensar después de comer o si tu estado de ánimo depende de cómo ves tu cuerpo. También si eres madre o padre y notas cambios en tu hija o tu hijo que te inquietan.
En terapia podemos mirar juntas qué hay debajo de esa comparación, qué función está cumpliendo y cómo ir construyendo una relación más tranquila con la comida y con tu cuerpo. Puedes hacerlo de manera presencial en Valencia o en sesiones online.
Si en algún momento tienes ideas de hacerte daño, no lo cargues sola: llama al 024, la línea de atención a la conducta suicida, o al 112 si es una emergencia.
Para terminar
Ahora que se acerca el 30 de noviembre, Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria, es un buen momento para recordar algo sencillo: lo que consumes en la pantalla no es neutro, y tampoco eres tú quien tiene que aguantarlo todo. No necesitas desaparecer de las redes ni culparte por usarlas. Basta con empezar a elegir, poco a poco, qué espacio les das y qué quieres que te devuelvan.
Este artículo es divulgativo y no sustituye una valoración profesional. Si estás en una situación de riesgo, llama al 112 o al 024 (línea de atención a la conducta suicida).
