Piensa en la última vez que algo te salió mal. ¿Qué te dijiste? Muchas de las personas que acompaño en consulta se hablan de un modo que jamás usarían con alguien a quien quieren: «eres un desastre», «otra vez igual», «mírate». Lo hacen casi sin darse cuenta, porque esa voz lleva tanto tiempo ahí que parece la verdad.
De dónde viene esa voz
El diálogo interno se construye con lo que hemos vivido: cómo nos hablaban de pequeñas, qué se valoraba en casa o en el colegio, qué mensajes recibimos sobre el éxito, el error o el cuerpo. Muchas veces la voz crítica nació para protegernos. Si me exijo mucho, nadie me criticará; si me adelanto a mis fallos, dolerán menos.
Entender esto no la justifica, pero sí ayuda a mirarla de otra manera. No es tu enemiga: es una estrategia antigua que quizá ya no te sirve.
Que una voz suene fuerte no significa que diga la verdad.
Exigirte no es lo mismo que motivarte
Existe la creencia de que, si dejamos de ser duras con nosotras mismas, nos volveremos conformistas. Pero lo que solemos ver es lo contrario. La autocrítica constante genera miedo al error, bloqueo y agotamiento. Y cuando fallamos, en lugar de aprender, nos hundimos.
La autocompasión no consiste en decirte que todo está bien ni en bajar el listón. Consiste en tratarte con la misma comprensión que ofrecerías a una amiga: reconocer que algo duele, recordar que equivocarse es humano y preguntarte qué necesitas para seguir.
Cuando la voz habla de tu cuerpo
En mi trabajo con trastornos de la conducta alimentaria veo hasta qué punto el diálogo interno se ensaña con el cuerpo. Comentarios ante el espejo, comparaciones, reproches después de comer. Esa forma de hablarte no te ayuda a cuidarte; te desconecta de lo que tu cuerpo necesita. Cambiar el tono es parte importante de recuperar una relación más tranquila con la comida y contigo.
Cinco formas de empezar
No se trata de forzar pensamientos positivos, sino de ir ganando distancia de la voz crítica y ensayar otra manera de acompañarte:
- Escuchar sin creer. Prueba a añadir «estoy teniendo el pensamiento de que…» delante de la frase crítica. «Soy un desastre» se convierte en «estoy teniendo el pensamiento de que soy un desastre». Parece poco, pero crea espacio.
- La prueba de la amiga. Cuando te pilles juzgándote, pregúntate: ¿se lo diría así a alguien a quien quiero? Si no, ¿cómo se lo diría?
- Ponerle nombre. Algunas personas llaman a su voz crítica «la exigente» o «la jueza». Reconocerla cuando aparece ayuda a no confundirla contigo.
- Cambiar el «debería» por una pregunta. En lugar de «debería haberlo hecho mejor», prueba con «¿qué necesito ahora?».
- Un gesto físico. Poner una mano en el pecho o en el abdomen y respirar despacio puede ayudar al cuerpo a sentirse acompañado, no atacado.
Para terminar
Cambiar la forma de hablarte lleva tiempo, porque es un hábito de años. Habrá días en que la voz crítica gane. Eso también forma parte del proceso. Si sientes que esa voz pesa demasiado, o que está muy ligada a tu cuerpo o a la comida, trabajarlo en terapia puede ayudarte a hacerlo con más apoyo.
Este artículo es divulgativo y no sustituye una valoración profesional. Si estás en una situación de riesgo, llama al 112 o al 024 (línea de atención a la conducta suicida).
